miércoles, 25 de marzo de 2020

CORONILLA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL.

Coronilla a San Miguel Arcángel



Un día San Miguel Arcángel apareció a la devota Sierva de Dios Antonia De Astónac. El arcángel le dijo a la religiosa que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones. Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles.
La corona consiste de un Padrenuestro y tres Ave Marías en honor de cada coro angelical.

Promesas
A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones: Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión. Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte. Aun mas, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.





+ En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Se comienza la Corona rezando, la siguiente invocación:

Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre


1. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Serafines, enciende en nuestros corazones la llama de la perfecta caridad. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


2. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Querubines, dígnate darnos tu gracia para que cada día aborrezcamos más el pecado y corramos con mayor decisión por el camino de la santidad. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


3. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Tronos, derrama en nuestras almas el espíritu de la verdadera humildad. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


4. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Dominaciones, danos señorío sobre nuestros sentidos de modo que no nos dejemos dominar por las malas inclinaciones. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


5. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Principados, infunde en nuestro interior el espíritu de obediencia. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


6. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Potestades, dígnate proteger nuestras almas contra las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


7. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Virtudes, no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


8. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Arcángeles, concédenos el don de la perseverancia en la fe y buenas obras de modo que podamos llegar a la gloria del cielo. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


9. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Ángeles, dígnate darnos la gracia de que nos custodien durante esta vida mortal y luego nos conduzcan al Paraíso. Amén.

1 Padre Nuestro y 3 Avemarías


Se reza un Padre Nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:

En honor a San Miguel...
Padre Nuestro

En honor a San Gabriel...
Padre Nuestro

En honor a San Rafael...
Padre Nuestro

En honor a nuestro ángel de la Guarda...
Padre Nuestro

Glorioso San Miguel, caudillo y príncipe de los ejércitos celestiales, fiel custodio de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, familiar de la casa de Dios, admirable guía después de Jesucristo, de sobrehumana excelencia y virtud, dígnate librar de todo mal a cuantos confiadamente recurrimos a ti y haz que mediante tu incomparable protección adelantemos todos los días en el santo servicio de Dios.


V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.


OREMOS

Todopoderoso y Eterno Dios, que por un prodigio de tu bondad y misericordia a favor de la común salvación de los hombres, escogiste por Príncipe de tu Iglesia al gloriosísimo Arcángel San Miguel, te suplicamos nos hagas dignos de ser librados por su poderosa protección de todos nuestros enemigos de modo que en la hora de la muerte ninguno de ellos logre perturbarnos, y podamos ser por él mismo introducidos en la mansión celestial para contemplar eternamente tu augusta y divina Majestad. Por los méritos de Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

martes, 24 de marzo de 2020

El Papa dona 100.000 euros a Cáritas Italia para afrontar la emergencia entre los más pobres.

El Papa ha donado 100.000 euros a Cáritas Italia para ayudar a afrontar la emergencia del coronavirus entre las personas más pobres en un momento en el que el gobierno de Giuseppe Conte ha extremado medidas para evitar el contagio, lo que ha provocado una reducción en el número de voluntarios de las asociaciones para la asistencia de los más vulnerables.

La donación se ha llevado a cabo a través del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. "El Santo Padre de esta manera desea expresar su cercanía espiritual y su aliento paternal a las personas que sufren la actual epidemia y a todos aquellos que cuidan de ellos", señala el dicasterio.


En el texto también se señala que, de esta manera, el Pontífice "desea expresar su cercanía espiritual y su aliento paternal a las personas que sufren la actual epidemia y a todos aquellos que los cuidan". "Esta suma --precisa-- está destinada a sostener los servicios esenciales en favor de los pobres y de los más débiles y vulnerables de nuestra sociedad, como los comedores, los centros de acogida, los dormitorios, los centros de escucha, etc., que las Cáritas diocesanas y parroquiales prestan diariamente en Italia".


Además, el Vaticano no cerrará los servicios de duchas para pobres y seguirá repartiendo comida entre los más necesitados que duermen bajo los portales de Roma pese a la emergencia del coronavirus, si bien ha dispuesto nuevas modalidades de actuación entre los voluntarios por precaución. Así lo anunció el cardenal Konrad Krajewski, principal gestor de la Limosnería Apostólica y brazo derecho del Papa.

jueves, 19 de marzo de 2020

VIDA DE SAN JOSÉ, SEGÚN LAS VISIONES DE LA BEATA ANA CATALINA EMMERICK

San José

José, cuyo padre se llamaba Jacob, era el tercero entre seis hermanos. Sus padres habitaban un gran edificio situado poco antes de llegar a Belén, que había sido en otro tiempo la casa paterna de David, cuyo padre, Jessé, era el dueño. En la época de José casi no quedaban más que los anchos muros de aquella antigua construcción. Creo que conozco mejor esta casa que nuestra aldea de Flamske. Delante de la casa había un patio anterior rodeado de galerías abiertas como al frente de las casas de la Roma antigua. En sus galerías pude ver figuras semejantes a cabezas de antiguos personajes. Hacia un lado del patio, había una fuente debajo de un pequeño edificio de piedra, donde el agua salía de la boca de animales. La casa no tenía ventanas en el piso bajo, pero sí aberturas redondas arriba. He visto una puerta de entrada. Alrededor de la casa corría una amplia galería, en cuyos rincones había cuatro torrecillas parecidas a gruesas columnas terminadas cada una en una especie de cúpula, donde sobresalían pequeños banderines. Por las aberturas de esas cupulitas, a las que se llegaba mediante escaleras abiertas en las torrecillas, podía verse a lo lejos, sin ser visto. Torrecillas, semejantes a éstas había en el palacio de David, en Jerusalén; fue desde la cúpula de una de ellas desde donde pudo mirar a Betsabé mientras tomaba el baño.

En lo alto de la casa, la galería corría alrededor de un piso poco elevado, cuyo techo plano soportaba una construcción terminada en otra torre pequeña, José y sus hermanos habitaban en la parte alta con un viejo judío, su preceptor. Dormían alrededor de una habitación colocada en el centro, que dominaba la galería. Sus lechos consistían en colchas arrolladas contra el muro durante el día, separadas entre sí por esteras movibles. Los he visto jugando en su dormitorio.

También vi a los padres, los cuales se relacionaban poco con sus hijos. No me parecieron ni buenos ni malos. José tendría ocho años más o menos. De natural muy distinto a sus hermanos, era muy inteligente, y aprendía todo muy fácilmente, a pesar de ser sencillo, apacible, piadoso y sin ambiciones. Sus hermanos lo hacían víctima de toda clase de travesuras y a veces lo maltrataban.

Aquellos muchachos poseían pequeños jardines divididos en compartimentos: vi en ellos muchas plantas y arbustos. He visto que a menudo iban los hermanos de José a escondidas y le causaban destrozos en sus parcelas, haciéndole sufrir mucho. Lo he visto con frecuencia bajo la galería del patio, de rodillas, rezando con los brazos extendidos. Sucedía entonces que sus hermanos se deslizaban detrás de él y le golpeaban. Estando de rodillas una vez uno de ellos le golpeó por detrás, y como José parecía no advertirlo, volvió aquél a golpearlo con tal insistencia, que el pobre José cayó hacia delante sobre las losas del suelo. Comprendí por esto que José debía estar arrebatado en éxtasis durante la oración. Cuando volvió en sí, no dio muestras de alterarse, ni pensó en vengarse: buscó otro rincón aislado para continuar su plegaria.

Los padres no le mostraban tampoco mayor cariño. Hubieran deseado que empleara su talento en conquistarse una posición en el mundo; pero José no aspiraba a nada de esto. Los padres encontraban a José demasiado simple y rutinario; les parecía mal que amara tanto la oración y el trabajo manual.

En otra época en que podría tener doce años lo vi a menudo huir de las molestias de sus hermanos, yendo al otro lado de Belén, no muy lejos de lo que fue más tarde la gruta del pesebre, y detenerse allí algún tiempo al lado de unas piadosas mujeres pertenecientes a la comunidad de los esenios. Habitaban estas mujeres cerca de una cantera abierta en la colina, encima de la cual se hallaba Belén, en cuevas cavadas en la misma roca. Cultivaban pequeñas huertas contiguas e instruían a otros niños de los esenios. Frecuentemente veía al pequeño José, mientras recitaban oraciones escritas en un rollo a la luz de la lámpara suspendida en la pared de la roca, buscar refugio cerca de ellas para librarse de las persecuciones de sus hermanos. También lo vi detenerse en las grutas, una de las cuales habría de ser más tarde el lugar de Nacimiento del Redentor.

Oraba solo allí o se ocupaba en fabricar pequeños objetos de madera. Un viejo carpintero tenía su taller en la vecindad de los esenios. José iba allí a menudo y aprendía poco a poco ese oficio, en el cual progresaba fácilmente por haber estudiado algo de geometría y dibujo bajo su preceptor.

Finalmente las molestias de sus hermanos le hicieron imposible la convivencia en la casa paterna. Un amigo que habitaba cerca de Belén, en una casa separada de la de sus padres por un pequeño arroyo, le dio ropa con la cual pudo disfrazarse y abandonar la casa paterna, por la noche, para ir a ganarse la vida en otra parte con su oficio de carpintero. Tendría entonces de dieciocho a veinte años de edad.

Primero lo vi trabajando en casa de un carpintero de Libona, donde puede decirse que aprendió el oficio. La casa de su patrón estaba construida contra unos muros que conducían hasta un castillo en ruinas, a todo lo largo de una cresta montañosa. En aquella muralla habían hecho sus viviendas muchos pobres del lugar. Allí he visto a José trabajando largos trozos de madera, encerrado entre grandes muros, donde la luz penetraba por las aberturas superiores. Aquellos trozos formaban marcos en los cuales debían entrar tabiques de zarzos.

Su patrón era un hombre pobre que no hacía sino trabajos rústicos, de poco valor. José era piadoso, sencillo y bueno; todos lo querían. Lo he visto siempre, con perfecta humildad, prestar toda clase de servicios a su patrón, recoger las virutas, juntar trozos de madera y llevarlos sobre sus hombros. Más tarde pasó una vez por estos lugares en compañía de liaría y creo que visitó con ella su antiguo taller.

Mientras tanto sus padres creían que José hubiese sido robado por bandidos. Luego vi que sus hermanos descubrieron donde se hallaba y le hicieron vivos reproches, pues tenían mucha vergüenza de la baja condición en que se había colocado. José quiso quedarse en esa condición, por humildad; pero dejó aquel sitio y se fue a trabajar a Taanac, cerca de Megido, al borde de un pequeño río, el Kisón, que desemboca en el mar. Este lugar no está lejos de Afeké, ciudad natal del Apóstol Santo Tomás. Allí vivió en casa de un patrón bastante rico, donde se hacían trabajos más delicados.

Después lo vi trabajando en Tiberíades para otro patrón, viviendo solo en una casa al borde del lago. Tendría entonces unos treinta años. Sus padres habían muerto en Belén, donde aún habitaban dos de sus hermanos. Los otros se habían dispersado. La casa paterna ya no era propiedad de la familia, que quedó totalmente arruinada.

José era muy piadoso y oraba por la pronta venida del Mesías. Estando un día ocupado en arreglar un oratorio, cerca de su habitación, para poder rezar en completa soledad, se le apareció un ángel, dándole orden de suspender el trabajo: que así como en otro tiempo Dios había confiado al patriarca José la administración de los graneros de Egipto, ahora el granero que encerraba la cosecha de la Salvación habría de ser confiado a su guardia paternal. José, en su humildad, no comprendió estas palabras y continuó rezando con mucho fervor hasta que se le ordenó ir al Templo de Jerusalén para convertirse, en virtud de una orden venida de lo Alto, en el esposo de la Virgen Santísima.

Antes de esto nunca lo he visto casado, pues vivía muy retraído y evitaba la compañía de las mujeres.

domingo, 8 de marzo de 2020

TOTUS TUUS.

Testimonio de cardenal Giovanni Coppa

«El amor de Juan Pablo II a la Virgen fue un amor ilimitado. Nunca dejó pasar una ocasión para hablar de María. Le dedicó la encíclica Redemptoris Mater: de hecho, la redención fue el hilo conductor de su magisterio petrino. Además, la honró no solo con su ministerio de Sumo Pontífice, sino también de muchas otras formas.

Desde el inicio quiso rezar durante muchos años el rosario cada primer sábado del mes, junto con los fieles en el Vaticano. Con su creatividad inagotable enriqueció el rosario con los misterios de luz. Y ya casi al final del pontificado, celebró el Año del rosario, que tuvo muchos frutos de devoción y de renovación espiritual. Recuerdo también sus peregrinaciones a Lourdes y a Fátima. En cada uno de sus viajes, además, programó una visita a los santuarios marianos más importantes del mundo. Sé con cuánto deseo quería que una imagen de la Virgen se destacara en la basílica Vaticana, donde por lo demás existen estupendas capillas dedicadas a ella. Y quiso que al menos el palacio apostólico mostrara una imagen de la Virgen, que se eleva, alta y maternal, sobre la plaza de San Pedro.

Todos saben que el lema que escogió antes de su ordenación episcopal es Totus tuus. El futuro Papa tomó estas palabras de la oración de un gran santo mariano, Luis María Grignion de Montfort»[1], quien a su vez lo tomó de San Buenaventura (o del pseudo). «Pues bien, el Papa no solo rezaba cada día aquella oración, sino que es­cribía un pasaje de ella sobre cada página de los textos autógrafos de sus homilías, de sus discursos, de sus encíclicas, en la parte superior derecha de la hoja. En la primera página ponía el inicio de la oración:

Totus tuus ego sum,
“Yo soy todo tuyo, María”;

en la segunda, Et omnia mea tua sunt,
“Y todas mis cosas son tuyas”;

en la tercera, Accipio Te in mea omnia,
“Te acojo en todas mis cosas”;

en la cuarta, Praebe mihi cor tuum,
“Dame tu corazón” [2].

Y así proseguía en cada página, repitiendo, si era necesario, cada invocación, hasta el fin del texto. En los archivos de la Secretaría de Estado se encuentran miles de estas páginas, donde Juan Pablo II manifestó de modo tan íntimo y conmovedor su amor a la Virgen.

Este amor ilimitado a María nacía del amor que sentía por Cristo. Amar a Jesús es el fulcro de toda nuestra vida. Y si esto es verdad para todo cristiano, tanto más lo es para el Papa. Es algo tan obvio, que podría parecer inútil destacarlo. Pero lo refiero porque tengo un recuerdo especial, que atañe a la última visita apostólica que Juan Pablo II realizó en 1997 a la República Checa.

Ya había ido a Checoslovaquia en 1990, recién caído el muro de Berlín, visitando Praga, Velehrad y Bratislava. En 1995 fue por segunda vez, visitando Praga, en Bohemia, y Olomouc, en Moravia. Ya estaba sufriendo. Comenzaba a llevar el bastón y bromeaba sobre éste con los jóvenes, siempre entusiastas de reunirse alrededor de él. Pero todavía estaba en forma, hasta el punto de subir las escaleras sin ascensor.

La primera noche, después de la llegada y la cena con los obispos, se dirigió a la capilla ante al Santísimo. Las religiosas le habían preparado un gran reclinatorio, pero él prefirió rezar en el banco. Yo lo acompañé, esperando fuera de la capilla. Al día siguiente, por la tarde, no pude acompañarlo a la capilla, a causa de compromisos y llamadas urgentes. Llegué después, cuando ya estaba arrodillado. Antes de entrar escuché una especie de música que no se distinguía, y cuando abrí silenciosamente la puerta, escuché que, arrodillado en el banco, cantaba en voz baja ante al sagrario. El Papa cantaba en voz baja ante Jesús Eucaristía: el Papa y Cristo en la Hostia, Pedro y Cristo. Para mí fue algo conmovedor, una llamada muy fuerte a la fe y al amor por la Eucaristía, y a la realidad del ministerio petrino. No he olvidado jamás aquel débil canto, que era como un coloquio de amor con Cristo. Una sola vez he contado este episodio, en la República Checa, pero conviene que se conozca, mucho más ahora que se acerca su beatificación, porque muestra magníficamente que debemos tener un vínculo siempre vivo, íntimo y profundo con Jesús, vivo en la Eucaristía. Y demuestra, en grado superlativo, que Juan Pablo II fue verdaderamente un enamorado de Cristo.

Por último, quiero destacar el amor de los pueblos eslavos por el Pontífice polaco. En 1990 fui enviado a Checoslovaquia, que dos años después se dividió pacíficamente en dos Estados, la República Checa y Eslovaquia. Este fue el mayor regalo que me hizo Juan Pablo II, después del de haberme ordenado obispo. Recuerdo que, en la víspera de mi partida para Praga, lo vi en el helipuerto vaticano, de regreso de una visita a una diócesis italiana, y le dije: “Santo Padre, mañana parto, y finalmente veré yo también en Eslovaquia sus montes Tatra”. Pero él, sonriendo cordialmente, me dijo. “¡Oh! ¡Los Tatry son mucho más bellos desde la vertiente polaca que desde la eslovaca!”. La experiencia como nuncio apostólico fue la más intensa que yo haya realizado. En esos años, pude palpar cuánto amaba al Papa el pueblo checo y eslovaco, comenzando por las autoridades. El presidente Havel me dijo dos veces que Juan Pablo II había desempeñado un papel fundamental en la caída del comunismo: “Ciertamente” sostenía “hubo también otras causas para la victoria de la libertad sobre el comunismo, pero, sin él, el resultado no habría sido así de repentino e inesperado”. Otras veces me dijo que sus coloquios con el Papa eran siempre muy informales y cordiales: “Él habla en polaco, yo en checo, y nos entendemos muy bien”.

Lo que le atraía la simpatía de todos era el hecho de que fuera el primer Papa eslavo de la historia. La gente, que durante cuarenta años había sido trastornada por la propaganda atea, comenzaba a comprender qué era la Iglesia, qué misterio de comunión y de fraternidad ha traído a los hombres juntamente con la fe en Dios y el amor de Cristo, negados durante un tiempo tan largo. También por esto, Juan Pablo II fue un gran don de Dios a la Iglesia y a la humanidad»[3].

Juan Pablo II fue un gran cantor de todas las Glorias de la Santísima Trinidad y de todas las glorias de Jesús y de María. ¡Lo oímos cantar tantas veces! Recuerdo cuando cantó el prefacio en la Misa de inauguración del pontificado: ¡fue emocionante! Los cantos que grabó en un hermoso CD. Cuando lo hizo dos veces en la reunión con los jóvenes en Lvov (Ucrania) cantando a la lluvia y al sol. Y ahora tenemos el testimonio del cardenal Coppa acerca de su sutil canto ante el Sagrario.

Se canta en nuestro poema nacional argentino:

«Cantando me he de morir

Cantando me han de enterrar,

Y cantando he de llegar

Al pie del eterno Padre:

Desde el vientre de mi madre

Vine a este mundo a cantar»[4].

 

El Santo Padre nunca dejará de cantar: «Canta un cántico nuevo frente del trono» (Cf. Ap 14, 3) y «canta el cántico del Cordero» (Cf. Ap 15, 3). No callará nunca, porque sabe que si callase se seguirían efectos muy tristes, como dice un canto:

«Si se calla el cantor calla la vida,

porque la vida, la vida misma es todo un canto;

si se calla el cantor, muere de espanto,

la esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla el cantor se quedan solos

los humildes gorriones[5] de los diarios,

los obreros del puerto se persignan

quién habrá de luchar por su salario.

HABLADO

Que ha de ser de la vida si el que canta

no levanta su voz en las tribunas

por el que sufre, por el que no hay

ninguna razón que lo condene a andar sin manta.

Si se calla el cantor muere la rosa,

¿de qué sirve la rosa sin el canto?,

debe el canto ser luz sobre los campos

iluminando siempre a los de abajo.

Que no calle el cantor porque el silencio

cobarde apaña la maldad que oprime,

no saben los cantores de agachadas

no callarán jamás de frente al crimen.

HABLADO

Que se levanten todas las banderas

cuando el cantor se plante con su grito

que mil guitarras desangren en la noche

una inmortal canción al infinito.

Si se calla el cantor… calla la vida»[6].


sábado, 11 de enero de 2020

Oraciones de Santa Brigid a durante 12 años

Nada de lo que es transitorio en la tierra merece tu ambición. Tu alma es tu 
verdadero tesoro de valor eterno y infinito. Salva tu alma. 
No te pierda esta oportunidad de salvación. Acepta y difunde la invitación de Nuestro Señor Jesús a 
todos tus familiares y amigos. 

ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA DURANTE 12 AÑOS 

Descarga y difunde las oraciones 
Estas oraciones, como le han sido dadas por el Señor a Santa Brígida de Suecia, deben rezarse durante 12 
años. Él le prometió a todo el que las rezara las cinco gracias mencionadas más abajo. En caso de que la 
persona que las rece muera antes de que pasen los doce años, el Señor aceptará estas oraciones como si se 
hubieran rezado en su totalidad. Si se salteara un día o un par de días con justa causa, podrán ser compensados 
luego. 
Esta devoción ha sido declarada buena y recomendada tanto por el Sacro Collegio de Propaganda 
Fidei, como por el Papa Clemente XII. Y el Papa Inocencio X confirmó esta revelación como venida del 
Señor. 

PROMESAS: 

1) El alma que las reza no sufrirá ningún Purgatorio. 
2) El alma que las reza será aceptada entre los mártires como si hubiera derramado su propia 
sangre por la fe. 
3) El alma que las reza puede elegir a otros tres a quienes Jesús mantendrá luego en un estado de gracia suficiente para que se santifiquen. 
4) Ninguno de las cuatro generaciones siguientes al alma que las reza se 
perderá. 
5) El alma que las reza será consciente de su muerte un mes antes de que 
ocurra. 


ORACIÓN 
Oh Jesús, ahora deseo rezar la oración del Señor siete veces junto con el amor con que Tú santificaste 
esta oración en Tu corazón. Tómala de mis labios hasta Tu Sagrado Corazón. Mejórala y complétala 
para que le brinde tanto honor y felicidad a la Trinidad en la tierra como Tú lo garantizaste con esta 
oración. Que ésta se derrame sobre Tu santa humanidad para la glorificación de Tus dolorosas heridas 
y la preciosísima Sangre que Tú derramaste de ellas.

1) LA Circuncisión. 
- Padre Nuestro. Ave María. Gloria.
 
Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, Te ofrezco 
las primeras heridas, los primeros dolores y el primer derrame de sangre como expiación de los pecados 
de mi infancia y de toda la humanidad, como protección contra el primer pecado mortal, especialmente 
entre mis parientes. Amén. 

2) LA AGONÍA DE JESÚS EN EL HUERTO DE LOS Olivos. 
- Padre Nuestro. Ave María. Gloria. 

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco 
el intenso sufrimiento del Corazón de Jesús en el Huerto de los Olivos y cada gota de su sudor de sangre 
como expiación de mis pecados del corazón y los de toda la humanidad, como protección contra tales 
pecados y para que se extienda el amor divino y fraterno. Amén. 

3) LA FLAGELACIÓN 
- Padre Nuestro. Ave María. Gloria. 

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco 
las muchas miles de heridas, los terribles dolores y la precisísima sangre de la flagelación como 
expiación de mis pecados de la carne y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados 
y le preservación de la inocencia, especialmente entre mis parientes. Amén. 

4) LA CORONACIÓN DE ESPINAS 
- Padre Nuestro. Ave María. Gloria. 

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco 
las heridas, los dolores y la preciosísima sangre de la sagrada cabeza de Jesús luego de la coronación de 
espinas, como expiación de mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como protección contra 
tales pecados y para que se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra. Amén. 

5) CARGANDO LA CRUZ 
- Padre Nuestro. Ave María. Gloria. 

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco 
los sufrimientos en el camino a la cruz, especialmente la santa herida en su hombro y su preciosísima 
sangre como expiación de mi negación de la cruz y la de toda la humanidad, todas mis protestas contra 
tus planes divinos y todos los demás pecados de palabra, como protección contra tales pecados y para un 
verdadero amor a la cruz. 
Amén. 

6) LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS
 - Padre Nuestro. Ave María. Gloria. 

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco a 
tu Hijo en la cruz, cuando lo clavaron y lo levantaron, las heridas en sus manos y pies y los tres hilos de 
las preciosísima sangre que derramó allí por nosotros, las extremas torturas del cuerpo y del alma, su 
muerte preciosa y su renovación no sangrienta en todas las santas misas de la Tierra, como expiación de 
todas lasheridas contra los votos y normas dentro de las Órdenes, como reparación de mis pecados y los 
de todo el mundo, por los enfermos y moribundos, por todos los santos sacerdotes y laicos, por las 
intenciones del Santo Padre, por la restauración de las familias cristianas, para el fortalecimiento de la 
Fe, por nuestro país y por la unión de todas las naciones en Cristo y su Iglesia, así como también por la 
diáspora. Amén. 

7) LA LLAGA DEL COSTADO DE JESÚS
 - Padre Nuestro. Ave María. Gloria. 

Padre Eterno, acepta como dignas, por las necesidades de la Iglesia y como expiación de los pecados de toda la humanidad, la preciosísima sangre y el agua que manó de la herida del Sagrado Corazón de Jesús. Sé misericordioso para con nosotros. ¡Sangre de Cristo, el último contenido precioso de su 
Sagrado Corazón, lávame de todas mis culpas de pecado y las de los demás! ¡Agua del costado de Cristo; lávame totalmente de las penitencias del pecado y extingue las llamas del Purgatorio para mí y para todas las almas del Purgatorio! Amén.



Santa Brigida – Año 1373 -Dios quiera enviar a su Iglesia muchas Brígidas, que con sus oraciones y sus buenos ejemplos y palabras logren enfervorizar por Cristo a  muchas personas más. Cristo murió por mí. ¿Y yo, qué haré por Él?  
Santa BrígidaBrígida significa: Fuerte y brillante. Esta santa mujer tuvo la dicha de nacer en una familia que tenía como herencia de sus antepasados una gran  
religiosidad. Sus abuelos y bisabuelos fueron en peregrinación hasta Jerusalén y sus padres se confesaban y comulgaban todos los viernes, y como eran de la familia de los gobernantes de Suecia, y tenían muchas posesiones, empleaban sus riquezas en construir iglesias y conventos y en ayudar a cuanto pobre encontraban. Su padre era  
gobernador de la principal provincia de Suecia.

Brígida nació en Upsala (Suecia), en 1303. De niña su mayor gusto era oír a la mamá
leer las vidas de los Santos. Cuando apenas tenía seis años ya tuvo su primera
revelación. Se le apareció la Sma. Virgen a invitarla a llevar una vida santa,
totalmente del agrado de Dios. En adelante las apariciones celestiales serán
frecuentísimas en su vida, hasta tal punto que ella llegó a creer que se trataba de
alucinaciones o falsas imaginaciones. Pero consultó con el sacerdote más sabio y famoso de Suecia, y él, después de estudiar detenidamente su caso, le dijo que podía  seguir creyendo en esto, pues eran mensajes celestiales.  

Cuando tenía 13 años asistió a un sermón de cuaresma, predicado por un famoso misionero. Y este santo sacerdote habló
tan emocionantemente acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo, que Brígida quedó totalmente entusiasmada por nuestro Redentor. En adelante su devoción preferida será la de Jesucristo Crucificado. 
 
Un día rezando con todo fervor delante de un crucifijo muy chorreante de sangre, le dijo a Nuestro Señor: - ¿Quién te puso
así? - y oyó que Cristo le decía: "Los que desprecian mi amor". "Los que no le dan importancia al amor que yo les he tenido".
Desde ese día se propuso hacer que todos los que trataran con ella amaran más a Jesucristo.
Su padre la casó con Ulf, hijo de otro gobernante. Tuvieron un matrimonio feliz que duró 28 años. Sus hijos fueron 8, cuatro varones y cuatro mujeres. Una de sus hijas fue Santa Catalina de Suecia. Un hijo fue religioso. Otros dos se portaron muy bien, y Carlos fue un pícaro que la hizo sufrir toda la vida. Sólo a la hora en que él se iba a morir logró la santa con sus oraciones que él se arrepintiera y pidiera perdón de sus pecados a Dios. Dos de sus hijas se hicieron religiosas, y otra fue "la oveja negra de la familia", que con sus aventuras nada santas martirizó a la buena mamá.  

Fue pues una familia como muchas otras: con gente muy buena y gente que hace sufrir. Brígida era la dama principal de las
que colaboraban con el rey y la reina de Suecia. Pero en el palacio se dio cuenta de que se gastaba mucho dinero en lujos y
comilonas y se explotaba al pueblo. Quiso llamar la atención a los reyes, pero estos no le hicieron caso. Entonces pidió
permiso y se fue con su esposo en peregrinación a Santiago de Compostela en España. En el viaje enfermó Ulf gravemente.

Brígida oró por él y en un sueño se le apareció San Diosnisio a decirle que se le concedía la curación, con tal de que se
dedicara a una vida santa. El marido curó y entró de religioso cisterciense y unos años después murió santamente en el
convento.
En una visión oyó que Jesús Crucificado le decía: "Yo en la vida sufrí pobreza, y tú tienes demasiados lujos y comodidades".
Desde ese día Brígida dejó todos sus vestidos elegantes y empezó a vestir como la gente pobre. Ya nunca más durmió en camas muy cómodas, sino siempre sobre duras tablas. Y fue repartiendo todos los bienes entre los pobres de manera que ella llegó a ser también muy pobre.
  
Con su hija Santa Catalina de Suecia se fue a Roma y en esa ciudad permaneció 14 años, dedicada a la oración, a visitar y
ayudar enfermos, a visitar como peregrina orante muchos santuarios, y a dictar sus revelaciones que están contenidas en ocho tomos (Sufrió muy fuertes tentaciones de orgullo y sensualidad). Desde Roma escribió a muchas autoridades civiles y eclesiásticas y al mismo Sumo Pontífice (que en ese tiempo vivía en Avignon, Francia) corrigiendo muchos errores y repartiendo consejos sumamente provechosos. Sus avisos sirvieron enormemente para mejorar las costumbres y disminuir los vicios. 
Por inspiración del cielo fundó la Comunidad de San Salvador. El principal convento estaba en la capital de Suecia y tenía 60 monjas. Ese convento se convirtió en el centro literario más importante de su nación en esos tiempos. Con el tiempo llegó a tener 70 conventos de monjas en toda Europa. 
Se fue a visitar los santos lugares donde vivió, predicó y murió Nuestro Señor Jesucristo, y allá recibió continuas revelaciones acerca de cómo fue la vida de Jesús. Las escribió en uno de los tomos de sus revelaciones, y son muy interesantes. En Tierra Santa parecía vivir en éxtasis todos los días. 

Al volver de Jerusalén se sintió muy débil y el 23 de juilio de 1373, a la edad de 70 años murió en Roma con gran fama de 
santidad. A los 18 años de haber muerto, fue declarada santa por el Sumo Pontífice. Sus revelaciones eran tan estimadas en 
su tiempo, que los sacerdotes las leían a los fieles en las misas.

martes, 31 de diciembre de 2019

Hermanos, quiero que sepan porque no conviene celebrar la Noche Vieja. La razón es porque es una celebración de origen pagana impregnada de supersticiones de todo tipo.


Hermanos, quiero que sepan porque no conviene a los santos celebrar la Noche Vieja. La razón es porque es una celebración de origen pagana impregnada de supersticiones de todo tipo.Y luego, porque es una de las obras infructuosas de las tinieblas, y nosotros estamos llamados a no participar con ellas, como está escrito: “No seáis, pues, partícipes con ellos Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Efesios 5:7-11).

De hecho nosotros, como discípulos de Cristo, no debemos conducirnos como los otros gentiles, como está escrito: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Efesios 4:17-19).

A continuación voy a transcribir algunas noticias (que se encuentran en Internet) sobre el origen del nuevo año y las principales supersticiones a él conectadas, para que se den cuenta de su carácter pagano, y también ustedes se abstengan de él.

La fiesta de Año Nuevo se remonta al dios romano Jano. En el siglo VII los paganos de Flandes, seguidores de los druidas, tenían la costumbre de celebrar el cambio de año. Esta adoración pagana fue deplorada por un tal Eloy de Noyon (aproximadamente 588-660) – un alto funcionario de la corte de los reyes merovingios, que es venerado como santo por la Iglesia Católica Romana – que reprendió al pueblo de Flandes diciéndoles: ‘Ninguno de ustedes en el día de Año Nuevo haga impías bufonerias como ir disfrazados de vaquillas o ciervos, o haga bromas y juegos, y no esté en la mesa toda la noche ni siga la costumbre de tarjetas de regalo o libaciones excesivas. Ningún cristiano crea en esas mujeres que hacen sus sortilegios con el fuego, ni se sienta en un cántico, porque es diabólico’. Para los de Babilonia el nuevo año comenzaba con el renacimiento de la Tierra, es decir, con la primavera.

He ahí como se ha llegado a celebrar el Año Nuevo el 1 de enero: fue Julio César, en el año 46 antes de Cristo, que creó el ‘calendario juliano’, que declaraba que el nuevo año comenzaba el 1 de enero. El 1 de enero, los Romanos solían invitar a amigos a cenar y compartir el don de un jarrón blanco con miel, dátiles e higos, todo ello acompañado de ramitas de laurel, dichas estrenas como un deseo para la buena fortuna y la felicidad. El nombre estrena venía del hecho de que las ramas eran despegadas por un bosque de la calle sagrada a una diosa de origen sabina: Strenia, que tenía un espacio verde dedicado a ella en el monte Velia. La diosa era el portador de la buena fortuna y la felicidad; la palabra latina “estrena”, presagio de la suerte, probablemente se deriva precisamente de la diosa. En la Edad Media la mayoría de los países europeos utilizaban el Calendario Juliano, pero había una gran variedad de fechas que indicaban el momento inicial del año. Estas incluyen, por ejemplo, 1 de marzo (el Año Nuevo en la Roma republicana), 25 de marzo (Anunciación del Señor) o el 25 de diciembre (Navidad). Sólo con la adopción universal del calendario gregoriano (del nombre de Papa Gregorio XIII, quien lo ideó en 1582), la fecha de 1 de enero como el comienzo del año, finalmente se convirtió en común.

– Lentejas a la medianoche. Uno de los rituales más populares en toda Italia es comer lentejas en el filo de la medianoche del 31 de diciembre. Esta costumbre – de acuerdo a la superstición – favorece la abundancia y la riqueza: los legumbres, de hecho, se consideran un alimento que puede nutrir y oponerse a la final de los tiempos, en vista de una generación de perspectivas viables para el futuro.

– Los petardos de Año Nuevo. También los ‘petardos’ son la manifestación de la voluntad de alejar las fuerzas del mal y los espíritus malignos que se desencadenan en un momento de transición de lo viejo a lo nuevo año, desde el final hasta el principio de los tiempos. Es cierto que para muchos hoy en día los ‘petardos’ representan también alegría por la llegada del nuevo año, pero siguen siendo de origen pagano y luego es dinero malgastado.

– Lanzar los cascos a la medianoche. La costumbre más utilizada como rito de eliminación del mal físico y moral que se ha acumulado en el año pasado es lanzar los cascos a la medianoche. Esta costumbre se ha extendido a diferentes partes de Italia y todavía permanece en las grandes ciudades como Nápoles y Roma. También en este caso,  se nos encuentra en frente de una superstición.

– Desechar las cosas viejas. Es una señal de cambio, para los paganos, con la llegada del nuevo año es un buen augurio desechar las cosas viejas.

– Comer pasas. La tradición cuenta que, además de las lentejas también la opción de comer pasa durante la víspera de Año Nuevo trae un montón de dinero en el nuevo año. Otra superstición que rechazamos entonces.

– La primera persona que se encuentra en la calle. Al filo de la medianoche es importante la primera persona que se encuentra en la calle, porque de acuerdo a los supersticiosos es buen augurio encontrarse con un viejo o un jorobado, pero si se encuentra un niño o un sacerdote se tendrá desgracia.

– Besarse bajo el muérdago. Otra tradición todavía muy seguida es la de besarse bajo el muérdago en signo auspicioso. A media noche, como un brindis especial, besarse bajo el muérdago con su ser querido se le llevará amor todo el año. El muérdago – de acuerdo a los supersticiosos – es una planta que da prolificidad auspiciosa tanto material como espiritual. Sagrado a los pueblos antiguos, los druidas lo utilizaban en ceremonias sagradas y celebraciones de purificación, mientras que los celtas creían que este arbusto naciese donde un rayo había caído y que una bebida especial compuesta de esta planta fuese un poderoso elixir contra la esterilidad.

– Vestir ropa interior roja. La tradición italiana también sigue la costumbre de vestirse ropa interior roja en Nochevieja. Es una manera de atraer a los buenos auspicios para el año nuevo. Así que para la cena es una obligación ponerse ropa interior roja, tanto para los hombres como para las mujeres. Los antiguos Romanos lo usaban como símbolo de sangre y guerra para alejar el miedo. Hoy en día se ha convertido en un auspicio de buena suerte para el nuevo año. Estas son otras mentiras, generadas por el diablo, que debemos rechazar.

Después de esta serie de informaciones relativas al nuevo año, no se puede que estar de acuerdo con Pablo que los paganos andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón. ¿Por lo tanto, nosotros que somos luz en el Señor, andaremos en los caminos tenebrosos y tortuosos de los paganos? En ninguna manera.

Quien tiene oídos para oír, oiga



sábado, 28 de diciembre de 2019

Hoy es fiesta de los Santos Inocentes, los niños que murieron por Cristo.

Hoy es fiesta de los Santos Inocentes, los niños que murieron por Cristo

“Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria”, dijo una vez San Quodvultdeus al exhortar a los fieles sobre los Santos Inocentes, los niños que murieron por Cristo y cuya fiesta se celebra el 28 de diciembre.

De acuerdo al relato de San Mateo, el rey Herodes mandó a matar en Belén y sus alrededores a los niños menores de dos años, al verse burlado por los Reyes Magos, quienes regresaron a sus países por otra ruta para no revelarle dónde estaba el Mesías.

En el siglo IV se instituyó esta fiesta para venerar a estos niños que murieron como mártires. La tradición oriental los recuerda el 29 de diciembre, mientras que la latina, el 28.

Posteriormente, San Quodvultdeus, Padre de la Iglesia del Siglo V y Obispo de Cartago (norte de África), dio un sermón sobre este lamentable hecho.

“¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños”, expresó.

Más adelante el Santo le señala al rey asesino: “Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida”.

“Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar”, enfatizó San Quodvultdeus.